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COLUMNA GERARDO BARRENECHEA: POR UNA POLÍTICA PÚBLICA ENERGÉTICA

COLUMNA GERARDO BARRENECHEA

En los crudos días de este invierno hemos visto la lamentable situación de las ciudades de Temuco y Osorno, inmersas, cual Londres a inicios del siglo XX, en smog por el uso de la leña para calefacción en los hogares, situación que ha provocado una fuerte contaminación producto de combustiones ineficientes.

Las pocas soluciones que se han escuchado para tal problemática desgraciadamente se restringen solo a políticas de mercado. Se ha restringido la utilización de artefactos a leña en horarios altos de contaminación, curiosamente coincidentes con las horas de mayor necesidad de calefacción; se ha vuelto a hablar de la necesidad de mejorar y certificar la calidad de la leña disponible para la venta en esas ciudades (cosa ya diagnosticada hace tiempo); también de cambios tecnológicos y de subsidios necesarios para estas localidades.

Lo lamentable es cómo no se ha logrado plantear soluciones globales que nos engrandezcan al momento de hablar de una política pública energética. Y se ve como necesario hablar de energía sin apellido ya que en muchas situaciones al referirse a energía se tiende solo a asociar a electricidad.

No andemos inventando la rueda y veamos la experiencia de países OCDE, retomando el caso de Londres por ejemplo, donde se resuelve esta problemática concentrando en un solo gran “contaminador” la necesidad de calefacción de las ciudades. La solución se refiere a no tener varias fuentes de calor, pequeñas en cada casa, sino que una gran caldera que distribuya el calor a cada hogar a través de un sistema de soterrado de cañerías. Esto corresponde en simple a lo denominado como calefacción distrital, la que en la práctica se traduce en una gran fuente de calor inmersa en medio de la ciudad, con mayor eficiencia global que las unidades individuales en cada casa y con el consiguiente control de emisiones globales.

Ahora, ¿qué tiene que ver la electricidad en todo esto? Y es que una de las más eficientes calderas que puede aplicarse para calefacción distrital es justamente una central eléctrica. No son pocas las ciudades en países también pertenecientes a la OCDE con este tipo de soluciones, quemando ya sea gas natural, biomasa o desechos (basura), haciendo convivir centrales térmicas en centros poblados. Miremos como ejemplo nuestra rivera norte del río Mapocho con una flamante central de ciclo combinado, y a propósito, actualmente todo un despilfarro de calor.

En conclusión, debemos llevar a cabo una política pública energética integral. Es cierto que serán necesarios estudios que permitan avalar tanto técnica como económicamente soluciones de este tipo, subsidios incluidos, pero nos llevan a pensar en forma más exhaustiva y de largo plazo las necesidades del país.

Gerardo Barrenechea, director de Estudios de Empresas Eléctricas A.G.

COLUMNA REVISTA ELECTRICIDAD

 

 

 

 

 

 

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